
Lo bueno de las leyendas urbanas es que no tienen que ser ciertas. Pero tampoco falsas. Son historias que corren por ahí, libres de ser creídas o descreídas por cuantos las escuchan, y capaces de mutar tan pronto como las difunda un nuevo emisario. En literatura también hay montañas de leyendas de este estilo. Quizá ninguna alcance la categoría de aquella invención generada muy a pesar del programa ‘Sorpresa, Sorpresa’ (ya saben: Ricky Martin en un armario, una adolescente llegando a su casa, un tarro de mermelada, un perro hambriento e Isabel Gemio sin saber dónde meterse), pero las existentes en el mundillo editorial tampoco merecen desprecio. Aún así, antes de arrancar con algunos ejemplos, recordamos la esencia de toda leyenda urbana: no tiene por qué ser verdad, pero tampoco falsa. Simplemente son cosas que se cuentan por ahí, cosas imposibles de cotejar. Así pues, ahí van algunos ejemplos. De ustedes depende dictaminar cuáles son ciertas y cuáles, su contrario.
LEYENDAS SOBRE ESCRITORES CONTEMPORÁNEOS:
-La muerte de Manuel Vázquez Montalbán: La historia hace referencia al fallecimiento del escritor barcelonés a finales del 2003 en el aeropuerto de Bangkok. Cuenta la leyenda que Vázquez Montalbán, consciente de que le quedaba poco tiempo de vida, viajó a aquella ciudad para dejarse morir, eligiendo ese destino para rendir homenaje a un poema, escrito trece años antes y publicado en ‘Pero el viajero que huye’ (1990), donde hablaba –metafóricamente- de un viajante condenado a perecer en ese lugar: ‘El cartero ha traído el Bangkok Post/el Thailandia Travel/una carta sellada/la muerte de un ser querido/para la muchacha de mi American Breakfast/cada mañana/aunque he pedido mi carta/no estaba/o no me la han dado compasivos/con el extranjero que espera la vida o la muerte/ignorado en un rincón de Asia/el cartero nunca llama dos veces/viaja en una Yamaha y sonríe en la ignorancia/de que la distancia/permite a la memoria cumplir nuestros deseos’. Esta historia recuerda a aquella otra de César Vallejo, según la cual el poeta predijo su propia muerte en un poema escrito años antes: ‘Me moriré en París con aguacero,/un día del cual tenga ya el recuerdo./Me moriré en París –y no me corro-/ tal vez un jueves, como es hoy, de otoño’. Por supuesto, la leyenda en torno a Vázquez Montalbán no tiene ni pies ni cabeza. Pero así la cuentan por la calle.
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-La familia de Isabel Allende: Cuenta la leyenda que Isabel Allende siempre inicia sus novelas con la misma fecha: el 8 de enero. Según ha comentado la propia autora en varias ocasiones, eligió es fecha porque le trajo suerte al escribir ‘La casa de los espíritus’. Pero la vida de Allende da para muchas crónicas harto rocambolescas: que si su madre la llevó de pequeña a un gimnasio para que la ataran las manos y la estiraran de los pies con el objetivo de que no se quedara tan baja; que si su abuela experimentaba con la telepatía porque no se fiaba del correo; que si su abuelo quedó tan aturdido con la muerte de su esposa que llegó a pintar los muebles de negro para que también guardaran luto; y muchas otras que pueden encontrarse en ‘Cuando llegan las musas’ (Espasa), de Raúl Cremades y Ángel Esteban.
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-El noveno piso de Mario Benedetti: Esta afabulación explica que hace mucho tiempo Mario Benedetti solicitó al crítico Emir Rodríguez que le diera su opinión sobre su obra ‘Gracias por el fuego’ y que éste le respondió simple y llanamente que mejor sería quemar ese libro. Cuando Benedetti quiso saber el motivo de semejante conclusión, Rodríguez le aclaró que en Uruguay nadie se suicidaría tirándose de un noveno piso, como ocurría en la obra. La leyenda alcanza su cenit al explicar que poco después, mientras el escritor paseaba por la Plaza Independencia, topó con el cadáver de un suicida que, cómo no, se había arrojado desde una novena planta.
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-Las obsesiones de J.J. Benítez: Esta leyenda es como un cuento de Monterroso: Dicen que J.J. Benítez vive en una casa con forma de OVNI.
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-Las buhardillas de Vila-Matas: Pocas leyendas urbanas han dado tanto de sí como la famosa buhardilla que Enrique Vila-Matas alquiló supuestamente durante sus años mozos en la casa parisina de Marguerite Duras. De hecho, en su novela ‘París no se acaba nunca’, el escritor da cuerda a este asunto explicando que la autora de ‘El amante’ le dio, además, sanos consejos para devenir en un gran autor. Como los periodistas le han preguntado en numerosas ocasiones sobre la veracidad de esa historia, Vila-Matas ha declarado públicamente que no quiere volver a hablar del asunto. Y actualmente todavía pueden encontrase a personas que se lo creen y a otras que, simplemente, dicen que no se trata más que de otra trola de autor con más leyendas urbanas en su haber de cuantos existen en este país.
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-Las cartas de Aznar: Dice la leyenda que la viuda del escritor uruguayo Juan Carlos Onetti recibió tiempo atrás una carta de La Moncloa, en aquellos tiempos ocupada por José María Aznar y Ana Botella, en la que el presidente felicitaba al autor por su onomástica. Lástima que Onetti llevara seis años muerto.
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-La invención de un personaje: Poquísimos autores han generado una sarta de leyendas tan alucinantes como Carlos Castaneda, seudónimo bajo el que se ocultaba un hombre que, básicamente, inventó un personaje. Pero más sospechosas son las leyendas que otros escritores han añadido al mito Castaneda. Por ejemplo, Alejandro Jodorowsky no se cansa de explicar que en cierta ocasión, mientras cenaba en un restaurante mexicano, un hombre se le acercó, se presentó como Carlos Castaneda y añadió que llevaba tiempo buscándole para expresar su admiración por la película ‘El Topo’, dirigida en 1969 por el psicomago. Por su parte, Vargas Llosa ha contado que, durante sus años como visitante en la Universidad de Berkeley, Castaneda se presentó en su despacho diciéndole que había ido a pie desde San Francisco, ciudad situada a unos quinientos kilómetros, sólo por el placer de conocerle. No hay motivos para dudar de estas historias, pero hay que reconocer que son, cuando menos, oportunas para quienes las cuentan. Además, a lo largo de los años muchas personas se han hecho pasar por Carlos Castaneda, llegando a dar conferencias en su nombre. Cuanta otra leyenda que el auténtico Castaneda acudió a más de una charla de ésas para, básicamente, conocerse a sí mismo.
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-Las casas secretas de los escritores: Durante muchos años se ha rumoreado que Gabo tiene un piso en el Paseo de Gracia barcelonés y que viaja en secreto a la capital catalana sin que los periodistas se enteren. Lo mismo ocurrió hace un lustro con Saldam Rushdie, a quien algunos autores aseguraron haberlo visto tomando café por los bares de la ciudad. Pero el gran revuelo se formó cuando corrió el rumor de que J.M.Coetzee, a quien le habían dado el Premio Nobel poco antes, se había refugiado del mundanal ruido en una masía de Girona. En aquella ocasión, algunos periodistas llegaron a lanzarse en sus búsqueda por los parajes gerundenses.
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-Los guiones de Carlos Ruiz Zafón: Todo el mundo comenta, haciéndose eco de sus propias palabras, que el autor de ‘La sombra del viento’ trabajó como guionista en Los Ángeles. Algunos bromistas comentan que eso es una leyenda urbana, porque nadie ha visto jamás una película, serie o documental firmada por dicho escritor. Cierto periodista llegó a preguntarle, en cierta ocasión, qué guiones había firmado y el autor no pudo más que desviar la pregunta.
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-La nevera de Roberto Bolaño: Los amigos de Roberto Bolaño cuentan que, cuando el autor de ‘2666’ adquirió un estudio en Blanes (Girona) para escribir en soledad, encontró una nevera abandonada por los antiguos propietarios. Según la leyenda, el autor colocó el escritorio delante de aquel frigorífico y nunca lo abrió, porque decía que sospechar su contenido le excitaba la imaginación. La crónica no aclara si inspeccionó su contenido antes de fallecer.
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-Las compañías de Cela: Las leyendas urbanas sobre el premio Nobel de las letras españolas superan lo imaginable. No sólo porque él mismo se encargó de propagar un buen puñado de historias poco creíbles –como aquello de que podía absorber agua por el recto-, sino porque también se han pregonado asuntos que mucha gente pone en entredicho –como eso de que murió gritando ‘¡Viva Ira Flavia!’-. Pero luego hay otras leyendas creadas en no se sabe qué mentes, las cuales han calado en la imaginación popular. La más sorprendente de todas cuenta que en sus viajes a Barcelona don Camilo siempre exigía que le llevaran a una casa de meretrices. Pero la historia va más allá. Dicen que el escritor exigía que le acompañara siempre un ejecutivo de su editorial –al parecer un hombre extremadamente tímido que, por supuesto, se encargaba de pagar-, quien permanecía sentado en una esquina del puticlub, mano sobre mano, durante todo el coito del escritor. Algunas personas remachan la leyenda diciendo que de pronto, mientras el ejecutivo miraba las puntas de sus zapatos, se oía un grito: ‘¡Viva España!’, y todo el mundo aplaudía, porque aquella voz indicaba que el escritor había eyaculado.
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-Las cartas de Gabo: A mediados de 2001 nació una de las leyendas urbanas que más revuelo ha causado en los últimos años. Se trataba de una carta supuestamente escrita por Gabriel García Márquez en el que, víctima de un cáncer linfático, se despedía de la vida. La misiva corrió de buzón electrónico en buzón electrónico con una rapidez asombrosa, llegando a hacerse tan creíble que algunos periodistas se refirieron a ella en sus reportajes. La carta empezaba así: ‘Si por un instante Dios se olvidara de que soy una marioneta de trapo y me regalara un trozo de vida, posiblemente no diría todo lo que pienso, pero en definitiva pensaría todo lo que digo’. Y concluía: ‘Son tantas cosas las que he podido aprender de ustedes, pero realmente de mucho no habrán de servir, porque cuando me guarden dentro de esa maleta, infelizmente me estaré muriendo.’ Al cabo de un tiempo, obligado por la demanda de sus fieles, el mismísimo Gabo salió a la palestra desmintiendo la autoría de la misiva y añadiendo que lo que más le había dolido era que la gente creyera que él escribía tan mal.
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-Un Salinger a la española: Cuenta la leyenda que Pablo Tusset ha decidido convertirse en una especie de Salinger a la española, motivo por el cual no habría dado una sola entrevista con motivo de la publicación de su segunda novela, ‘En el nombre del cerdo’ (Destino). Realmente, hace bastante tiempo que nadie sabe nada de él. De ahí que algunas leyendas afirmen que trabaja en un bar de Vic, que se ha ido a vivir a Galicia o que se ha refugiado en una isla gracias al dinero obtenido con las ventas de su primera novela, ‘Lo mejor que puede pasarle a un cruasán’.
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-Los puños de Vargas Llosa y la mandíbula de García Márquez: El famosísimo puñetazo que Mario Vargas Llosa lanzó en 1976 sobre el mentón de Gabriel García Márquez también ha generado un puñado de leyendas, todas en torno a los motivos de semejante tunda. La chismografía general asegura que Gabo había intentado un acercamiento hacia la esposa de Vargas Llosa, pero otros cotillas afirman que el colombiano recomendó a Patricia Llosa Urquidi, mujer del peruano, que rompiera un matrimonio que, parece ser, pasaba una crisis.
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-Los récords más curiosos: Aunque este tipo de ránquings no pueden ser demostrados, se dice que ‘La fiesta del chivo’, de Mario Vargas Llosa, es la novela más fotocopiada de la historia de la literatura, principalmente por el negocio del top-libro existente en Latinoamérica. Y también se comenta que ‘Pimp. Memorias de un chulo’, de Iceberg Slim, es la novela más robada de esa misma historia de la literatura, puesto que todos los aspirantes a macarra se lanzaron a apropiarse de un ejemplar en las librerías estadounidenses, por supuesto sin soltar un duro, que para algo soñaban vivir del cuento.
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-La ubicuidad de los autores: Hubo un tiempo en que se decía que si cogías el avión Barcelona-Madrid, sin duda te encontrarías con Juan Cruz en el asiento de al lado, pero que si durante el trayecto pegabas la cabeza a la ventanilla para divisar el avión Madrid-Barcelona, también descubrirías a Juan Cruz en aquel otro aeroplano. Tal era la sensación de ubicuidad que provocaba el periodista. Actualmente, cuando Juan Cruz parece más relajado, se dice lo mismo con Rodrigo Fresán, ‘el escritor ubicuo’, de quien cuenta la leyenda que ha llegado a presentar cuatro libros a la vez, al tiempo que acudía a tres eventos literarios y que enviaba cinco reportajes a otras tantas revistas.
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-Diablo Vila-Matas: Cuenta la leyenda que en cierta ocasión, por supuesto de madrugada, Enrique Vila-Matas se subió a un taxi y, antes que ninguna otra palabra, dijo al conductor:
-Usted no lo sabe, pero yo soy el diablo.
Entonces el taxista, mirándolo por el retrovisor, le respondió:
-Ya lo sé, señor Vila-Matas, ya lo sé.
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-Las meadas de Rafael Alberti: En ’39 escritores y medio’ (Siruela) Jesús Marchamalo refiere cierta historieta según la cual un joven Rafael Alberti, junto a algunos amigos de la Generación del 27, profanó la Real Academia de la Lengua echando una meadita en sus muros. Y se cuenta también que años más tarde, volviendo de farra junto a su amigo Sabina, repitieron la rúbrica jurándose que jamás ingresarían en una institución como ésa.
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-Lagarto, lagarto con Ted Hughes: Tanto la primera esposa de Ted Hughes, Sylvia Plath, como su segunda mujer, Assia Wevill, terminaron sus días quitándose la vida. En el primer caso siempre se discutió sobre la posible crueldad del poeta y ahora, gracias al libro recientemente publicado en Inglaterra ‘A lover of unreason: the life and tragic dearth of Assia Wevill’ (Robson Books), se sospecha lo mismo sobre la segunda. Sea como sea, obviamente se creó una leyenda en torno a Hughes, según la cual, si eras mujer, mejor que ni te acercaras a ese hombre. O, cuando menos, que lo hicieras con una pata de conejo colgando del cuello.
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-Las dos caras de Salinger: El secretismo con el que Thomas Pynchon ha llevado su vida (sólo accedió a salir una vez en televisión con el rostro distorsionado y como compensación a cambio de que la CNN no mostrara unas imágenes robadas algún tiempo antes) hizo que durante mucho tiempo corriera la leyenda de que, detrás de sus novelas, en realidad se escondía Salinger o, más emocionante si cabe, el mismísimo Unabomber.
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-Las gamberradas de Chuck Palahniuk: Cuenta la leyenda que Palahniuk encabeza un grupo de terroristas callejeros que organizan gamberradas a través de Internet, como por ejemplo quedar en unos grandes almacenes para pegar una paliza al Papá Noel de turno. Palahniuk ha dicho en varias ocasiones que conoce a este grupo, pero que nunca ha participado en sus actos. Sin embargo, la leyenda asegura que él es el cabecilla de la banda.
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-Los cuentos cortos de Monterroso: Así lo explica Jesús Marchamalo en ’39 escritores y medio’ (Siruela): ‘Se cuenta que en una recepción de mucha gala –zapatos brillantes, lamés y lentejuelas- le presentaron a la mujer de un embajador, o un banquero, o alguien, diciendo que era el autor del conocido cuento del dinosaurio. La señora le tendió la mano con indolencia, agitó un par de veces las pestañas pintadas de rimel como el casco de un petrolero, y dijo: ‘Ah, el cuento del dinosaurio, recién lo estoy leyendo, ya le contaré cuando termine’. Nadie dijo nada, naturalmente, pero hay que reconocer al comentario cierta falta de oportunidad suicida tratándose de un cuento que tiene siete palabras, cuarenta caracteres, diecisiete consonantes, veintiuna vocales, cuatro tildes –Cuando despertó, el dinosaurio aún seguía allí-, y que pasa por ser el más corto de la historia de la literatura, tan corto que una señora decente puede leerlo de un tirón mientras suspira’.
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-Las prisas de Carl Honoré: Cuenta la leyenda que el autor de ‘Elogio de la lentitud’ (RBA) es un histérico. Muchos de los periodistas que lo entrevistaron durante la promoción del libro, se quedaron asombrados del nervio con el que se movía, de la cantidad de veces que pregunta la hora, de la frecuencia con la que miraba el reloj, de los tropecientos cafés que se echó al coleto… Todo mientras hablaba de ‘Elogio de la lentitud’.
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-Bin Laden te escucha: Se dice que cualquier persona que contacte con Robert Fisk, corresponsal del diario británico The Independent y único occidental que ha entrevistado a Bin Laden, queda automáticamente fichada por los dirigentes de Al Qaeda, quienes pasan a pincharle el teléfono y a escuchar sus conversaciones, no sea que tenga información relevante para la banda armada.
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-Las premoniciones de Philip K. Dick: En la biografía de Emmanuel Carrère sobre el rey de la ciencia ficción ‘Yo estoy vivo y vosotros estáis muertos. Philip K. Dick 1928-1982’ (Minotauro), se cuenta la siguiente anécdota, hoy convertida en leyenda: un hijo de Dick llevaba varios días enfermo y no paraba de llorar. Los médicos no sabían qué le ocurría, así que le hicieron montones de pruebas sin obtener ningún resultado. Algún tiempo después, mientras sonaba la canción de los Beatles ‘Strawberry Fields Forever’, Philip K.Dick escuchó un mensaje profético entremezclado entre la letra: ‘Tu hijo tiene una hernia inginal estrangulada no diagnosticada. Requiere atención inmediata o morirá pronto’. El autor de ‘Blade Runner’ corrió al hospital para anunciar esta premonición, la cual fue sorprendentemente confirmada por los médicos, quienes operando al niño de inmediato, salvándole la vida.
LEYENDAS EN TORNO AL MUNDILLO EDITORIAL:
-Los humos del señor Lara: Lo de la Ley del Tabaco no ha gustado a algunos editores. Sobre todo a los grandes fumadores con rentas como para permitirse soluciones maravillosas. Tal es el caso, según cuenta la leyenda, de José Manuel Lara Bosch, máximo responsable del Grupo Planeta, quien se habría comprado toda una planta en el edificio donde se ubica su editorial para convertirlo en domicilio particular y poder fumar a sus anchas sin que nadie le maree la perdiz. Eso es tener dinero y lo demás, tonterías.
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-Los errores de Carlos Barral: Todo el mundo ha oído alguna vez que Carlos Barral rechazó el manuscrito de ‘Cien años de soledad’, la obra que engrandecería a Gabriel García Márquez. Pues bien, dicen las historias nunca confirmadas que en Barral jamás recibió dicho original, inventándose aquella historia con la finalidad de que todo el mundo hablara de él, aun cuando fuera por la vía negativa. Incluso se rumorea que Gabriel García Márquez llegó a preguntarle por qué diablos decía que había rechazado un manuscrito que nunca le había enviado, a lo que el editor de Seix Barral le contestó:
-Tú calla y sígueme la corriente.
Y García Márquez, después de soltar una sonora carcajada, le siguió el juego.
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-La minuta de Alberto Vázquez-Figueroa: El escritor de los tropecientos títulos ha generado montañas de leyendas. Su agitada vida, así como su personalidad arrolladora, han provocado habladurías de distinto calibre. Una de las más sabrosas gira en torno al salto que dio de Plaza & Janés (su editorial de toda la vida) a Planeta durante cierta época de su vida. Se cuenta que en aquel entonces el escritor canario siempre cobraba 50 millones de pesetas por cada una de sus obras y que en este caso decidió cambiar de editorial porque Planeta le ofreció 50 millones y 1 peseta. Por cierto, hay otra leyenda que dice que escribió ‘Perro’ en un fin de semana.
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-Los libros perdidos de Carlos Ruiz Zafón: Hace mucho tiempo, en un despacho de Planeta, se decidió publicar ‘La sombra del viento’, de Carlos Ruiz Zafón, sin demasiadas esperanzas en su éxito. Como al principio las ventas fueron más bien discretas, se imprimió con bastante celeridad la edición de bolsillo y ya estaban a punto de sacarla al mercado cuando algunos críticos empezaron a hablar bien de la novela, lo que hizo que las ventas de la edición en tapa dura se dispararan. Así las cosas, cuenta la leyenda que en los almacenes de Planeta se pudre la edición en tapa blanda de ‘La sombra del viento’, la cual no verá la luz hasta que la gente no deje de comprar la edición de lujo. Algo que parece no ocurrirá hasta dentro de bastante tiempo.
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-La magia de Aramis Fuster: Los sótanos de Planeta están llenos de leyendas. Cuentan que hace tiempo, por los albores de 1998, una bruja se coló en los almacenes de dicha editorial. La meiga no era otra que Aramis Fuster, que pidió a los responsables de Martínez Roca que la dejaran desnudarse en la nave industrial para realizar cierto sortilegio que daría energía positiva a sus libros antes de lanzarlos al mercado. Evidentemente, le dejaron, pero, también evidentemente, primero obligaron a los operarios a desalojar el lugar. Nadie la vio, pero cuenta la leyenda que allí estuvo, en pelota picada, echando polvos mágicos a su ‘Las cartas de la felicidad’. A tenor de las ventas, el sortilegio no acabó de cuajar.
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-Los premiados con buena salud: Existe también la leyenda urbana de que el último Premio Príncipe de Asturias iba a recaer sobre el escritor Philip Roth, pero que al final fue otorgado a Paul Auster porque el autor semita aseguró que le resultaba imposible, debido a la edad, desplazarse a España para recoger dicho galardón. En vez de aceptar su no asistencia, el jurado decidió dárselo a un autor con más movilidad. Dice la leyenda, claro está.
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-Las opas hostiles: Se rumorea de que hace bastantes años el agente literario Andrew Wylie, conocido como ‘El Chacal’, hizo una suerte de opa hostil sobre Carmen Balcells, tratando de quitarle sus mejores autores. La agente catalana supo esquivar la traición y, dicen por ahí, desde entonces no se habla con Mr. Wylie.
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-Los sustos de ‘El Chacal’: Respecto al agente literario Andrew Wylie también existe la leyenda, referida por Jorge Herralde en ‘Por orden alfabético. Escritores, editores, amigos’ (Anagrama), que afirma que ofreció medio millón de dólares a Ryszard Kapuscinski a cambio de su siguiente libro. Ante semejante ofertón, al periodista se le pusieron los pelos de punta y, asustado, rehusó la oferta asegurando que prefería seguir con su agente Ruth Liepman.
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-Las partidas de Esther Tusquets: Cuenta la leyenda que Esther Tusquets, tras resistirse durante mucho tiempo a los intentos de compra de su editorial (Lumen) por parte del grupo Bertelsmann (hoy Random House Mondadori), decidió jugarse la empresa a una partida de bridge con un ejecutivo de la multinacional. Obviamente, perdió la partida.
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-La promesa de Gimferrer: Hay una historia en torno a Pere Gimferrer que casi parece un cuento de amor. Según esta leyenda la primera mujer de poeta y editor, la pianista Rosa Maria Caminals, susurró a su marido en el lecho de muerte que sólo le daba permiso para casarse de nuevo si lo hacía con su primera novia, Cuca de Cominges, con quien había roto la relación 35 años antes. La historia ha demostrado que Gimferrer hizo caso a su esposa.
LEYENDAS DE LA LITERATURA CLÁSICA:
-Todo Valle-Inclán: La vida de Valle-Inclán fue pura leyenda urbana. Sus andanzas siempre resultaron tan estrafalarias que incluso en el poeta mexicano Eduardo Colín, durante su estancia en España en los años 20, llegó a escribir a sus amigos diciendo que había estado en casa de don Ramón María y que había comprobado que, efectivamente, existía. Valle-Inclán alimentó con mimo las historietas en torno a su persona. De ahí que actualmente no se sepa cuánto hay de verdad y cuánto de mentira en las cosas que sobre él se cuentan. Por ejemplo, se dice que algunas noches caminaba hasta la plaza de Oriente para despertar al rey gritando ‘Usurpadores austríacos, levantaos y dejad ese trono a su verdadero dueño, don Carlos’. En cuanto a su brazo amputado –como consecuencia de un bastonazo durante una pelea con Manuel Bueno- decía que se lo había comido un saurio o que lo había perdido dentro de la barba.
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-Los elefantes de Malcom Lowry: El autor de ‘Bajo el volcán’, el libro más importante en materia de alcohol de toda la literatura, pasó su vida sumergido en la bebida. Hay testimonios que aseguran que, durante sus años mozos, era capaz de pimplarse dieciséis pintas y media botella de güiqui en una sola sesión. Pero lo que nos afecta concierne a cierta ocasión en la que, saliendo de un pub londiense en compañía de unos amigos, divisó dos elefantes rosas avanzando hacia Charlotte Street. Aunque aguardó a que los paquidermos aparecieran de nuevo, nunca volvió a verlos. En la actualidad el elefante rosa se ha convertido en un símbolo de la ebriedad gracias a esta leyenda contada por el propio Lowry.
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-La locura de Lewis Carroll: No sólo nosotros disfrutamos inventando historias sobre escritores; nuestros antepasados hacían exactamente lo mismo. Un buen ejemplo sería aquella historia según la cual Lewis Carroll vio que una niña leía ‘Alicia en el País de las Maravillas’ en un vagón de tren. Cuando la chiquilla cerró el libro, Carroll se interesó por su opinión respecto a la historia, pero la madre de la niña, sin saber con quién hablaba, se interpuso diciendo:
-¿No es triste lo del pobre señor Carroll? Se volvió loco, ¿sabe?
-¿De veras? –preguntó el autor-. Nunca había escuchado eso.
-Oh, yo le aseguro que es cierto. Me lo contó alguien de quien no se puede dudar.
Antes de marcharse, Carroll pidió la dirección a aquella señora para enviarle un regalo. Al cabo de unos días, la niña recibió un ejemplar de ‘A través del espejo’ con la dedicatoria: ‘Del autor, como recuerdo de un viaje agradable’.
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-La mala prensa de ‘El guardián entre el centeno’: A parte de las leyendas que corren en torno a la vida retirada de Salinger, su obra capital, ‘El guardián entre el centeno’, también ha sido objeto de diversas leyendas urbanas. Sabido es que el asesino de John Lennon, Mark Chapman, leyó este libro durante los días previos al crimen, y que la persona que disparó a Ronald Reagan, John Hinckley, Jr., lo releía con frecuencia. También se ha dicho que otros homicidas en serie tenían este título como libro de cabecera y que Lee Harvey Oswald se había inspirado en el mismo para asesinar a Kennedy. Además, cuenta las leyendas más paranoicas que el texto contiene códigos secretos e incluso claves psicológicas que incitan a matar. Por supuesto, estos códigos están en la edición inglesa, así que no se esfuercen con las traducciones.
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-Competición de penes: Famosa es la leyenda que asegura que Hemingway y Fitzgerald, tras hacerse amigos en París gracias a un par de botellas de champán, hicieron una competición de penes. Pero hay otras competiciones mucho más españolas, como las que hacían Rafael Alberti y Pablo Neruda en París, cuando se colocaban uno al lado del otro para medir quién tenía la barriga más larga. Queda clara la diferencia entre anglosajones e hispanos, ¿no?.
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-El crimen cometido por Holmes: En la recientemente publicada ‘Viajes por las mentiras de la historia’ (Belacqua), el periodista Santiago Tarín recuerda la polémica en torno a Arthur Ignatius Conan Doyle, el autor cuya fama mundial llegó gracias a su personaje Sherlock Holmes. Antes de referir dicha polémica, valga citar que en las obras de Doyle jamás aparece la frase ‘elemental, querido Watson’; que Holmes no lucía ningún sombrero y que tampoco usaba pipa. Pero, al margen de estos añadidos a su personalidad generados a lo largo de los años, la leyenda cuenta que Conan Doyle no sólo plagió el relato de ‘El perro de Baskerville’, sino que envenenó con láudamo a su auténtico dueño, el periodista Fletcher Robinson, no sin antes dejar de seducir a la esposa del mismo.
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-Las frases nunca dichas: Ya referíamos anteriormente que en toda la obra de Conan Doyle, el detective Sherlock Holmes nunca dice eso de ‘Elemental, querido Watson’. Del mismo modo, Nicolás Maquiavelo jamás escribió la sentencia ‘El fin justifica los medios’. De hecho, esa frase ni siquiera corresponde al pensamiento del florentino, quien propugnaba el mérito de las acciones de los hombres frente a su herencia. Sin embargo, la historia ha vapuleado a este autor hasta tal extremo que lo ha convertido en una especie de déspota con adjetivo incluido (maquiavélico), cuando en verdad nada de esto merece. La única referencia a la famosa cita que se puede encontrar históricamente, es cierta frase anotada por Napoleón en los márgenes de una edición de ‘El Príncipe’: ‘El fin lo justifica’. De ahí puede haber salido la atribución al florentino.
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-El nombre del monstruo: Por supuesto, otra de las leyendas urbanas más aceptada por la población es que la criatura inventada por Mary Shelley se llamaba Frankenstein, cuando en verdad ese nombre corresponde al apellido de su creador, el doctor Frankenstein. No se puede olvidar que, precisamente, uno de los grandes conflictos del monstruo era la ausencia de un nombre, quejándose de que su padre (el doctor), además de no reconocerlo como hijo, tampoco le había dado un nombre.
(Publicado en Qué Leer, noviembre'06)
2 comentarios:
Me ha gustado mucho este reportaje. Se pueden encontrar muchas otras leyendas en los libros de Vilamatas.
Esta muy bueno el reportaje. Yo agregaria para entender este tema, que lean el libro la Cuarta Cripta. Les ayudara a entender la problematica
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